6 de agosto de 2013

Carlos Garrido Chalén: La palabra secreta (1977)

  • Información sobre el autor: 
Arte Poética | Unión Hispanomundial de Escritores (UHE) | Scribd

LA PALABRA SECRETA
Carlos Garrido Chalén (1977)


La creación literaria es en sí una arbitraria conjunción: tiene innúmeros factores, pero sólo algunos valederos: la terquedad, el amor propio, la imaginación. Carlos Garrido Chalén, joven carismático y apasionado, posee desde adolescente esos factores. Y los utiliza a perfección. El trajín de Carlos es firme y ascendente. En cada arremetida que da contra la mediocridad sabe blandir sus mejores recursos y las consecuencias son obvias: cuatro poemarios que lo catalogan como el mejor poeta vivo de Trujillo: Informes y contiendas, Llamado a la llamarada, En pie de guerra y La palabra secreta que justifica este comentario. Inéditos, pero ya con un vigoroso destino propio, esperan su enfrentamiento con la imprenta: Doce ceremonias para un solo encuentro, Ritual para un Continente, Oración para la mujer americana. Quizá sea precipitado, torpe, avenido, detallar los galardones que el poeta ha logrado. Pero en literatura como en cualquier otra actividad, los hechos son irrefutables. Y Garrido Chalén tiene en su haber óptimos hechos: Premio de Poesía “Juegos Florales Escuela Normal José Antonio Encinas” 1968, Premio Nor Peruano de Poesía 1969, Premio Regional de Poesía 1970, II Premio Nacional “Sesquicentenario de Fundación de la Universidad Nacional de Trujillo” 1974. Tenemos fe en Carlos. Cualquier hombre que a su escasa edad haya logrado dominar el idioma y las ideas como él lo está haciendo, es, irrefutablemente, un gran poeta. El resto, su consagración a mayores niveles del timorato ambiente local, lo dejamos a merced de su talento y el tiempo.
Santiago Merino Acevedo

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Puntada de zapatero (Artículos periodísticos)

22 de mayo de 2013

José Watanabe: El maratonista

EL MARATONISTA

Te has metido solo en esto, muchacho,
pero tu lentitud nos angustia a todos.
Después de tantos kilómetros, se acabaron tus fuerzas,
pero todavía insistes en llegar a donde ya no importa.
Esto ya no tiene sentido, no abuses
de nuestra piedad: anda a casa
y comprende que alcanzarte una esponja con agua
fue lo único que pudimos hacer por ti.

(Pero ama el niño que cree que puede
lanzar su energía como un rayo al centro de tu cuerpo
y a la vieja
que se santigua como si viera pasar un santo lastimado.)

Tus piernas son cada vez más pesadas.
Conozco cómo es eso: también sé
lo que es ansiar desesperadamente aire
para durar un poco más.

Al dar la curva encontrarás una calle solitaria.
Cambia el paso allí, disimula tu fracaso y camina
lentamente
pisando las hojas amarillas de la morera
como hago yo cada día, ya libre de toda competencia.

Banderas detrás de la niebla (2006)